El
viernes 11 del 11 del 2011 llegamos a Singapur. A pesar del cambio de
itinerario, nuestros siguientes anfitriones, Carlos y Mónica nos estaban
esperando a las 10 de la noche es su casa. Lo primero que pudimos disfrutar de
Singapur es la maravillosa vista de la ciudad desde el piso 21 de su apartamento.
Una ciudad de cinco millones de personas, llena de torres altísimas iluminadas,
una pequeña Manhattan, muy nueva y moderna.
Después
de una noche de mucha charla y cocteles típicos de la zona (o de creación
propia, como el vodka con lichyes, que ya les haremos), empezamos con calma a
conocer la ciudad. Definitivamente no hay nada como conocer una ciudad con
gente que viva allí y conozca “el tema”. Con Carlos y Mónica pudimos aprender, ver
y probar muchas cosas tales, como que los chinos son la cultura más complicada
y extraña del mundo; que ellos y los indios escupen todo el tiempo (aunque allí
está prohibido, así que llevan bolsita personal); que eructan en público sin
problema; que desayunan huevos duros en salsa de soya y sopas con noddles con
pescado (indescriptible el olor de los restaurantes en la calle); que no les
importa colarse en las filas; que fuman mucho y que comen cosas muy, muuuy
raras; que en general en el sureste asiático hay letrinas (shock para mapi),
por lo que es importante aprender a sentarse; que a todos los templos hay que
entrar descalzos y con los hombros y rodillas cubiertas; en fin… un mundo entero diferente.
Aunque
nos hizo un clima extraño en los 5 días que estuvimos, típico de la época (humedad,
calor y de repente un diluvio universal de 5 minutos), pudimos disfrutar con
ellos de muchas cosas, como una típica comida india, china y japonesa. Posiblemente
sin ellos, hubiéramos sido incapaces de pedir y probar todo lo que comimos.
Singapur,
que antes era parte de Malasia pero que prácticamente la dejaron independizarse
porque era un puerto inmundo (obviamente después de varios conflictos), en 50
años ha crecido como ninguna otra ciudad en Asia. La gente tiene casa, salud
pública y educación, las calles y autopistas están en perfecto estado, y sobre
todo tienen un nivel de “cultura ciudadana” impresionante: ni un papel en la
calle, todo limpio, ordenado y es súper segura. Posiblemente es la ciudad más
fácil en la que moverse, el metro es barato y práctico.
Además,
es sorprendente porque viven todas las culturas allí. Pudimos ver una mezquita
al lado de un templo indio, uno budista o una iglesia católica, seguidos, y
todos se respectan y de alguna manera saben cómo “funciona” cada religión. Eso
desde luego nos pareció admirable. Dicen que el secreto es que el antiguo
presidente obligó a que todas estas religiones y nacionalidades, que antes
vivían en guetos, se mezclaran por ley. Eso sí, como en cualquier parte del
mundo, las nacionalidades están clasificadas, y como no, los indios, son los
obreros, posiblemente mal pagados y mal tratados, como las filipinas, que son
las empleadas domesticas y que hoy en día tienen una ley que las protege del
maltrato porque se han presentado muchos casos de abuso, como la esclavitud.
Después
de largos paseos por el centro y lo turístico de Singapur: Little India; China
Town; la impresionante zona de la marina, con algunos de los edificios más
altos y modernos que hemos visto y con
la fuente típica del león con cuerpo de pescado; Clarke Quay, lleno de bares
sobre el rio; y templos como el de los 1.000 budas, podemos decir que esta
ciudad nos gustó mucho. Posiblemente hemos estado en la calle más lujosa que
hayamos visto en la vida: Orchard Road, donde por lo menos en cada esquina hay
una tienda de Rolex, Luis Vuiton, Prada, Gucci, etc... Olvídense de Serrano o
de los Campos Elíseos, esta calle sí que es lujo, son como tres kilómetros de
calle todo centros comerciales súper lujosos, y en cada uno todas las marcas
más caras del mundo, además muchos de ellos están unidos por subterráneos
(dicen que hay por lo menos 15 Pradas en esta zona, en un centro comercial
llegamos a ver hasta dos en diferentes plantas). Lo más impactante, es que
están llenos de gente comprando y no de turistas
occidentales!.
En
Singapur estuvimos felices. Descansamos, dormimos, comimos, charlamos,
aprendimos y nos recargamos de energía para todo lo que venía por delante. Singapur
es el perfecto primer contacto con Asia o como decía Carlos: Asia para
principiantes. Por su puesto lo mejor de la ciudad, los grandes ratos con los
anfitriones (incluida cocinada de cena española de tortilla y salmorejo).
Es
un país-ciudad admirable por lo que han hecho en tan poco tiempo (aunque se
cuestiona mucho si es o no un paraíso fiscal de muchos países corruptos o
dictadura como la de Myanmar). Es una ciudad muy viva, llena de gente, moderna, y con mucha cultura y mucha, mucha plata. Si tienen la oportunidad de ir, aunque sea de
paso hacia otro destino, les encantará.






















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