sábado, 3 de marzo de 2012

HONG KONG: MEZCLA A LO GRANDE DE LONDRES, NUEVA YORK Y CHINA

Como cuando cayo el muro de Berlín, nosotros volvimos a la vida occidental al llegar el viernes 10 de febrero a Hong Kong. Edificios enormes y súper modernos, calles limpias, internet en todas partes, bares, restaurantes, cochazos último modelo, supermercados con todo tipo de productos, tiendas de ropa de marca, hiper centros comerciales, metro, etc…

Es una ciudad súper viva, llenísima de gente, de anuncios enormes con luces de neón, de calles interminables, con avenidas larguísimas, y edificios infinitos. Fue un gran cambio después de más de 3 meses en el sur este asiático. Eso también implicó que todos los precios se triplicaran, o sea, como Europa o más.



Cuando paseas por las calles de Hong Kong a veces parece que estás en Manhattan, por sus anchas calles llenas de tiendas y boutiques occidentales rodeadas de altísimas torres de oficinas y viviendas. Otras veces parece que estás en Londres, por sus autobuses de dos pisos, pequeñas tiendas especializadas y bares llenos de ejecutivos expatriados en traje con grandes pintas de cerveza en la mano, que recuerdan a los viernes en la City. Pero no nos olvidemos que estamos en China, donde las calles están llenísimas de chinos, las luces de neón iluminan las noches y se venden escarabajos y lagartos en las tiendas de alimentación.






La primera tarde-noche, nos fuimos a pasear por el Soho y, como era viernes, pudimos sentir su animada vida nocturna. Los bares y restaurantes en general tienen bastante encanto, algunos de diseño, otros más tradicionales pero casi todos llenos de gente cenando y tomando cerveza. El ambiente es bastante pijo y de pasta. En esta ciudad no hay mochileros, los hombres van de traje o americana y las chicas van muy arregladas con vestidos, faldas y tacones. Los precios son caros, un tercio de cerveza como unos cinco dólares. Está muy de moda el tema del vino y en todos los restaurantes tienen cartas variadas, aunque nosotros eso ni pisarlos. También hay muchas vinotecas o pequeñas bodegas con vinos de todas las partes del mundo.

Al día siguiente por la mañana, como parecía que despejaba, nos fuimos al Peak, la cima de una montaña desde donde se puede apreciar toda la panorámica de la ciudad. La verdad que, entre que no terminó de despejar, y que no nos dimos cuenta de que era sábado, nos tragamos una cola de hora y media para coger el tranvía que te sube hasta lo alto de la montaña y la experiencia no la recomendamos mucho.


Luego por la tarde cogimos el metro y nos fuimos al barrio de Kualoon, que está al otro lado de la bahía. Nuestra intención era buscar un zoom para la cámara, ya que nos habían dicho que aquí eran más baratos. Pero nada que ver, los precios eran igual o más caros que en Madrid. De todas formas el barrio merece la pena porque el ambiente cambia bastante. Este es un barrio más chino, los edificios son más bajos aunque modernos, las tiendas son más pequeñas, el tráfico es más caótico y está lleno de luces de neón con letras chinas y lleno de chinos comprando, comiendo y haciendo cosas raras.



Por la noche al sur de Kualoon se ven unas vistas maravillosas de todos los edificios de la isla de Hong Kong. Incluso vimos un espectáculo de luces que salían de los edificios. Merece mucho la pena. Luego te coges un ferri que te lleva desde ahí mismo al otro lado de la bahía en diez minutos.




A Macao fuimos a pasar todo el domingo. Dicen que es como Las Vegas de China y aunque no hemos estado en Las vegas, creo que Macao es un poco más cutre. Aún así, dicen que tiene más casinos y mayores ingresos por el tema del juego que Las Vegas. Es la única ciudad de China donde está permitido el juego y está abarrotado de gente. Desde Hong Kong a Macao y viceversa salen ferris cada quince minutos, veinticuatro horas al día. El nuestro a la ida iba lleno y a la vuelta tuvimos que comprar billetes de primera clase porque en la económica no había sitio hasta cuatro horas después. Pero bueno, aprovechando la ocasión, usamos nuestros privilegios, no hicimos colas  y nos dieron una cenita por la cara. Por 30 euros de diferencia por billete casi mereció la pena.

Después de dos horas de ferri llegas a la estación donde están buses de todos los casinos esperando a clientes para llevarlos a jugar. Nosotros cogimos uno pero primero fuimos a pasear. Un lugar súper extraño, con el centro (Patrimonio de la Humanidad) llenos de casas coloniales de la época portuguesa, muy bonitas, pero lleno de chinos, raro. 




Al rededor, edificios como setenteros con varios casinos, algunos tipo Las Vegas, muy lujosos. Al final jugamos a la ruleta y perdimos, si no, ya se habrían enterado que seguiríamos eternamente dando la vuelta al mundo…



El lunes dimos otra vueltecita por el centro y luego a descansar y a preparar la maleta y el cuerpo para la India.

Hong Kong nos gustó mucho como para vivir un añito. Se ve buena vida e interesante, así que con un buen sueldecito de expatriado… a disfrutar!!!.

sábado, 25 de febrero de 2012

VIETNAM: POCO TIEMPO PERO BUENAS SENSACIONES, LUGARES AUTÉNTICOS BONITOS, MUCHA HISTORIA Y VEINTE MILLONES DE MOTOS

A Vietnam llegamos con pocas expectativas, pues muchísimos viajeros que hemos conocido nos hablaron mal del país, dicen que todo es muy turístico, nada auténtico, que la gente es antipática y siempre quieren sacarle partido al turista, en fin… por todo esto reducimos aquí el tiempo. Sin embargo, para nosotros fue todo lo contrario. La gente nos cayó muy bien, no tuvimos problemas y los sitios que visitamos tienen algo especial, encanto. Sólo visitamos cuatro sitios (Ho Chi Ming, Hoi Ang, Hanoi y La Bahía de Halong), los dos primeros muy rápido porque teníamos que estar una semana en Hanoi para sacar la visa de La India.

Como siempre, el viaje de Camboya a Vietnam debía ser de unas 7 horas, un viaje tranquilo y normal, pero para no ser una excepción, duró 12 horas desde que salimos del país.  En la frontera con Camboya, nos metieron a 17 turistas en una mini van… en fin, lo normal. Llegamos a Ho Chi Ming, el domingo 22 de enero a las 11 de la noche. Dormimos en la zona mochilera y por ende turística, así que había mucha opción de restaurantes y bares.

Ho Chi Ming es una ciudad muy grande, como de diez millones de personas y es la capital económica y la ciudad más rica y desarrollada del país. Aunque puede que sea el lugar menos especial de todos los que estuvimos en Vietnam, como era el primero y sólo estuvimos dos días pues la verdad que nos pareció bien. Como digo no es una ciudad espectacular, pero nos quedamos con el museo de la guerra de Vietnam, muy interesante, con unas exposiciones de fotos impresionantes y donde ponen a los americanos a caer de un burro con razón. El barrio de mochileros y turistas no es muy especial, está lleno de bares y restaurantes aunque nada bonitos. Eso sí nos gustó mucho el ambiente en las terrazas de mesas y sillas de plástico con cervezas a medio dólar mientras ves los seis millones de motos y los diez millones de personas pasar. También tienen mucho encanto perderse por los mini callejones que comunican todas las calles, es como otra mini ciudad. El segundo día por la mañana fuimos a los túneles de Cuchi, famosos por ser las trincheras del Vietcom durante la guerra. La historia es interesante pues recrean la vida que crearon (los túneles, cocinas, hospitales, qué comían, las trampas para cazar americanos, etc.), pero el tour de un día es un coñazo impresionante y hay más gente que en la guerra.






De allí cogimos un vuelo hacía Da Nang (ciudad con mar llena de súper resorts) y luego un carro media hora hasta Hoi Ang donde sólo estuvimos dos días pero nos hubiera gustado estar al menos uno más. La parte antigua es preciosa, tiene como cincuenta casas reconocidas como Patrimonio de la Humanidad muy bien restauradas, distribuidas en tres o cuatro calles bastante largas, una de las cuales da un río donde puedes coger una barquita para que te de una vuelta. La vueltecita es un poco sosa pero los viejecitos que llevan las barcas son de lo más auténtico (el nuestro tenía por lo menos 80 años, había combatido en la guerra y no tenía una pierna por una mina, además no hablaba inglés así que todo con señas, espectacular la conversación). También hay un par de mercados locales donde los vietnamitas hacen su vida diaria y cientos de tiendas donde te hacen trajes y vestidos a medida por precios ridículos. Alquilar una bici para cruzar el puente y ver la parte menos turística también merece mucho la pena. Para nosotros uno de los sitios más bonitos de todo el sudeste asiático, recuerda un poco a Luang Prabang (en Laos) pero es más auténtico, las mujeres con los típicos sombreros vietnamitas, la gente mayor tomando té, los puestos de comida en la calle, etc. Es cierto que hay muchos turistas, pero el pueblo tiene su propia vida, un ambiente muy relajado y muchos restaurantes y bares buenos, bonitos y baratos para disfrutar. Muy recomendable.














Nuestro siguiente destino fue Hanoi donde teníamos que estar una semana para poder sacar la visa de La India. En principio parece mucho tiempo pero teniendo en cuenta que tres días nos fuimos a La Bahía de Halong, creo que está bien.

Lo bueno de Hanoi es perderse por la estrechas y agitadas callejuelas del barrio antiguo. No tiene ningún monumento que nos llamara excesivamente la atención, pero la ciudad tiene mucho encanto. Las motos aparcan en las aceras y los peatones vamos por la carretera jugándonos la vida y los tímpanos entre los miles de pitidos de coches y motos, y los timbres de las bicis y los trisows. En los trocitos de las aceras donde no hay motos hay puestos de comida o terrazas de mesitas y sillitas de plástico donde los vietnamitas comen o beben zumos y tés mientras comen platos de pipas, dejando todo hecho una mi... Aún así hay millones de personas entre las motos y las mesitas y sillitas entrando y saliendo de las tiendas, restaurantes y cafeterías. El café es muy importante para los vietnamitas y lo toman a todas horas en todas sus modalidades. La ciudad está llena de cafeterías donde van a tomar algo con los amigos o para hablar y cerrar negocios.






Además el primer día, mientras buscábamos un sitio para desayunar, encontramos un restaurante español llamado “Ola de Tapas” donde nos hicimos varios colegas que vivían allí, un español, un peruano y un venezolano con los que lo pasamos muy bien, con los que discutimos horas y horas de política, nos contaron muchas cosas de la vida en Hanoi y de los vietnamitas, y nos enseñaron la noche de Hanoi que no es fácil de encontrar ya que “todos” lo sitios cierran a las once de la noche, cosas de los comunistas (como prohibir Facebook y tweeter cuando hay elecciones o fiestas nacionales).

En el primer hotel de los que estuvimos en Hanoi contratamos el tour para Bahía de Halong, y como teníamos suficientes días contratamos tres días y dos noches. Halong está como a tres horas en bus desde Hanoi y allí el tema consiste en embarcarte en un barco grande de madera y navegar por la bahía los días que hayas contratado. Hay barcos de todos los precios, calidades y comodidades. Dicen que hay 800 barcos para turistas los cuales se llenan casi a diario. El nuestro se llamaba el Margarite 2 y la verdad es que quedamos muy contentos con todo.


El primer día quedamos algo desilusionados del entorno de la bahía, pues todo estaba lleno de barcos que hacían el mismo recorrido (parecíamos la Armada Invencible), te daban una pequeña vuelta por la bahía y te paraban a visitar una cueva enorme, bonita pero que para dar un paso tenías que esperar a que los otros dos mil turistas que tenías delante dejaran de hacerse las fotos más estúpidas que se te acurran. Por la noche te dan una clasecita de cocina bastante cutre donde te enseñan a hacer los famosos rollitos de primavera y luego cenas en el restaurante del barco. La comida es rica y abundante aunque te toca compartir mesa con el grupo en el que caigas. Nuestro grupo de la primera noche era bastante pero bastante sosito. Después de la cena te subes a la terraza de arriba del barco para tomarte algo. Nosotros los compartimos con una rusa y una pareja de canadienses con los que nos reímos mucho.




Como éramos los únicos de todo el primer grupo que se quedaba dos noches, la verdad que estábamos algo estresados ya que el primer día no nos había gustado mucho. Pero fue una de las mejores decisiones del viaje. Al día siguiente nos vino a buscar un barco algo más pequeño a nosotros dos solos, primero fuimos a una granja de ostras y perlas, luego hicimos una ruta donde no había casi ningún barco, sólo tres o cuatro, pero como cada uno iba a su ritmo muchas veces navegabas sólo. El paisaje es una maravilla y estar en la terracita del barco casi en silencio con un par de hamacas, nuestro guía chino muy simpático, y disfrutando de esa tranquilidad y vista fue realmente especial. Tras un par de horas navegando, paramos para hacer kayac por unas cuevas y lagos espectaculares rodeados de las famosas islas-montañas de Halong Bay y escuchando monos y animales en aguas transparentes. Allí estuvimos como dos horitas con un solecito maravilloso. Fue una de las mejores experiencias de todo el viaje. Luego nos hicieron unos pescaditos a la parrilla para comer, visitamos una playita y un templo y de vuelta al barco grande para cenar con el nuevo grupo. El tercer día es un poco más pesado porque no haces nada especial, pero es muy chévere la experiencia de navegar y dormir en la tranquilidad de la bahía.



 




Vietnam nos gustó y nos quedamos con ganas de más. Es un país súper auténtico, pues a pesar de la cantidad de turistas siguen manteniéndose fieles a su cultura, y tiene mucho para ver, aprender y disfrutar.

jueves, 16 de febrero de 2012

CAMBOYA: UNA MARAVILLOSA SORPRESA, LA GENTE MÁS ESPECIAL, ANGKOR, ISLA "PARAISO", PUEBLOS CON MUCHO ENCANTO Y MUCHO POR VER Y HACER


Junto con Myanmar, Camboya ha sido un gran descubrimiento y se ha convertido en uno de nuestros países favoritos. Tienen la gente más simpática y amable que hayamos conocido, siempre con una sonrisa, con ganas de hablar contigo, de aprender, de compartir, de conocer. Con un paisaje precioso, auténtico, diferente. Con mucho por aprender, por su historia y su cultura, y un país en el que hay mucho por hacer: tiene Angkor, la isla más parecida al paraíso en la que hemos estado, y pueblos sacados de otra época.  

El miércoles 4 de enero salimos de las 4000 islas (Laos) en barco a coger un bus hasta Siem Reap (Camboya). Posiblemente el viaje más pesado hasta el momento. Siempre dicen que son la mitad de horas del viaje real, así que al final estuvimos 12 horas (pensábamos que eran 7 u 8) por carreteras semi construidas, entre un bus más o menos cómodo y uno diminuto,  donde por supuesto no cabíamos.

Siem Reap es una ciudad 100% para el turismo, creo que todos viven de eso. No es una ciudad para nada bonita, son calles y calles llenas de hoteles, hostales, guesthouse, y restaurantes con comida para turistas. Tiene dos mercados muy bien puestos, con artesanías bonitas, y un par de calles llenas de bares y discotecas. Todo, lleno de turistas que vienen aquí para ver los templos de Angkor, dicen la octava maravilla del mundo.


El jueves, después de descansar nos fuimos toda la tarde a Angkor (Patrimonio de la Humanidad desde 1992), a ver las ruinas de lo que era la antigua capital del imperio jemer. Aquí llegaron a vivir en el siglo XII más de un millón de personas cuando ciudades como Londres no llegaban a los 100.000 habitantes y cuando el imperio jemer se extendía por prácticamente todo el sudeste asiático. Su extensión es enorme, se necesitan varios días si quieres ver todos los templos importantes, creo que cerca de unos 40. Aunque mucha gente visita los templos en bici, taxi o tour, nosotros nos decidimos por el tuk tuk que creo te permite ir cómodo, visitar varios templos en un mismo día y además, al no ser un vehículo cerrado, puedes sentir mucho mejor el ambiente que los rodea, así como ir a tu propio ritmo. Además el precio es muy bueno (15 USD/día). El primer día fuimos al famoso Angkor Thom, y vimos, entre otros, el templo de Bayon con sus inmensas torres con cara de Buda y caminamos por la terraza de los elefantes. Lo que vimos nos dejó fascinados, pero lo mejor era al día siguiente.











El viernes desde temprano nos fuimos todo el día de nuevo en tuk- tuk pero con un guía a recorrer más templos. Tuvimos la suerte de que nuestro guía era súper simpático y hablaba muchísimo, así que pudimos aprender un poquito de la historia de los templos y de Camboya. Pudimos entender parte de los gravados que decoran las inmensas paredes de los templos, qué representan, la historia que cuentan, las guerras religiosas que ocurrieron.


Pudimos aprender que algunos de los templos, entre ellos el más importante (Angkor Wat), fueron construidos para dioses hindúes, y cómo más tarde los emperadores cambiaron de religión a la budista construyendo otros muchos templos dedicados a Buda y cómo posteriormente en guerras internas religiosas los hindúes esculpieron símbolos de su religión en los budas para que representaran a sus dioses. También nos habló de cómo mientras Camboya estaba metida en guerras civiles, los ladrones tailandeses asaltaron los templos cortando las cabezas a las miles de estatuas para comerciar con ellas (es impesionante ver todas estatuas sin cabezas).



Vimos hasta huellas de la guerra de Pol Pot, pues usaron algunos templos de Angkor para esconderse y combatir (época en la que por supuesto se robaron y destruyeron muchas ruinas). Recorrimos el majestuoso Angkor Wat, la construcción religiosa más grande, importante y mejor conservado de esta enorme ciudadela (y dicen que uno de los tesoros arqueológicos más importante del mundo). Angkor es absolutamente mágico e increíble.






También estuvimos en el Jungle Temple otro de los más famosos por los inmensos arboles que crecen en los techos y destruyen las paredes (aquí se filmó la película de Lara Croft).



Esa noche nos reencontramos con nuestros amigos Paulina y Sasha (que conocimos en Laos) y nos fuimos a cenar un plato típico de Camboya, una parrillada de mariscos y carnes acompañado de verduras y el típico arroz blanco. Muy rico, buena comida y excelente compañía.

Tuvimos la suerte de conseguir un súper hotel en promoción así que el sábado lo aprovechamos todo el día para descansar. De nuevo cena con nuestros amigos y despedida pues ellos tenían otra ruta.


El domingo nos fuimos a Battambang, una ciudad rural a unas cinco horas de Siem Reap. Fea y vieja pero con mucho encanto porque aquí ves cómo vive la gente de verdad. Por la noche, como en muchas zonas del país no hay casi luz, así que no hay mucha vida nocturna, cena temprano y a descansar.

El lunes contratamos un tuk-tuk para que nos hiciera un tour todo el día por los alrededores de la ciudad, totalmente vida rural. Para empezar, el famosos tren de bambú: palos de bambú sobre cuatro ruedas, y un motor, la vaina más arcaica del mundo, pero muy divertido y donde pudimos tomarnos un cerveza al final con una familia de camboyanos espectacular (el abuelo de 90 años intentando hablarnos inglés, y regalándonos todo lo que tenía en su casa –bananos, cuerditas, etc.-, los niños hablándonos un poquito en español, y preguntándonos todo lo que podían de nuestra vida, en fin, una maravilla).



Luego paseo por los sembrados de arroz, tomamos unos "vinitos" en la primera bodega de Camboya (el tinto era peleón, pero tenían un brandi con sabor a whisky que eso no lo hace cualquiera) y visita  a los templos de rigor, viendo a los niños ir al colegio en bicicleta, las señoras en pijama caminando por las calles de arena (se usa mucho en el sureste asiático lo de ir en pijama todo el día, es la moda), las casas de bambú, la vida en el rio (esencial en el sur este asiático los ríos, comen y viven de ellos), y la gente siempre saludándote y sonriendo.







Para rematar el gran día nos fuimos a ver el circo organizado por una ONG canadiense con jóvenes de las clases más pobres de la ciudad. Es un país con mucha ayuda internacional, por la pobreza, por la guerra que pasaron, por lo minado que aún está (en las calles se ven muchas víctimas y vimos algunas zonas rurales con letreros de prohibido pasar por ser campos minados) y por el alto tráfico y explotación sexual de menores que ha habido. El circo, un espectáculo, la pasamos muy bien y nos encantó. Luego cenamos en un restaurante de otra ONG donde sólo trabajan mujeres jóvenes pobres, a las que forman y dan trabajo para que puedas sostener su casa y estudiar. Una delicia por una buena causa.


Al día siguiente, de nuevo 5 horas en bus hasta Phnom Penh, capital de Camboya. Al principio te sorprende mucho porque es una ciudad mucho más desarrollada que el resto del país. Por la parte central de la ciudad, que es por la que los turistas nos movemos, hay muchos barrios como los de las ciudades europeas, incluso tienen un malecón o paseo marítimo en el río como cualquiera de las ciudades costeras españolas. Coches modernos, muchos restaurantes, cervecerías, edificios altos, mucha construcción. Como gran ciudad también pudimos ver la pobreza y la cantidad de niños pidiéndole plata a los turistas (a diferencia de las zonas rurales), pero es una ciudad súper segura como todo el país y todo el sudeste asiático.



Aquí fuimos a ver la famosa S-21, una cárcel donde en la época de Pol Pot mataron muchísima gente y hoy es un museo donde te cuentas las barbaridades que ocurrieron, pero también qué ha pasado con mucha gente de la que participó en la guerra así como quienes eran los líderes de los jemeres rojos, de qué se les acusa en la actualidad y cómo van los procesos. Triste y terrible pero interesante. Un episodio inexplicable, donde en 3 años mataron al 25% de la población (entre un millón y medio y dos millones de habitantes), en su mayoría intelectuales, profesores, universitarios, todo con el fin de crear un sistema comunista basado en el cultivo de arroz.

También dimos paseos por el centro, el palacio, el museo nacional (muy interesante donde tienen expuestas muchas estatuas y cabezas recuperadas de los templos de Angkor), un mercado. Esa noche descubrimos un auténtico restaurante español así que nos dimos un lujo de comer chorizo, queso manchego, tortilla y vino rico.



El jueves 12 viaje otra vez en bus (el cuerpo ya se está acostumbrado) hasta Sihanoukville, ciudad costera de Camboya, hiper construida y turística, llena de bares y mucha fiesta. Fea. Aquí sólo estuvimos 1 noche para irnos al otro día hasta la famosa Koh Rong también conocida por Monkey Island.

Koh Rong, como se llama la isla está a dos horas de Sihanoukville en barco. La isla sólo tiene cinco “hoteles”, en total unos 30 búngalos repartidos entre 3 playas. Le dicen la Monkey Island por uno de los 5 “hoteles” que tiene, famoso para los mochileros. Más que hoteles son búngalos, algunos muy básicos y otros bastante agradables, sin luz por la noche (sólo hasta la 10 p.m.), con un par de camas grandes, dos mosquiteras y un medio baño en una especia de choza. Aunque suene mal tiene mucho encanto. Igual nosotros luego nos cambiamos al Paradise que son otros búngalos mucho más bonitos, grandes y confortables (súper recomendado) por prácticamente el mismo precio.




En esta isla solo íbamos a estar 3 noches, y al final estuvimos 6. Descubrimos el paraíso. La arena más suave y blanca que hayamos visto, el agua absolutamente transparente que con el reflejo del sol da mil tonos azules. Una isla cero construida excepto por los búngalos y las casitas de los lugareños, que son muy pocas y que respetan el entorno. Un clima perfecto, comida súper rica y barata. Mejor dicho, como para quedarse allí mucho tiempo. Aquí nos reencontramos de nuevo con Sasha y Paulina, grandes amigos a los que esperamos ver pronto en Madrid. Además, conocimos a Joaquín, un cocinero español radicado en China súper simpático; a Alex, un suizo al que vamos a ver en Hongo Kong, y a Silvia y Christina y a una pareja de ingleses. La verdad que hicimos un grupito muy majete con los que pasamos un par de noches muy divertidas.






Dicen que Koh Rong tiene 27 playas de arena blanca, de las cuales 24 siguen vírgenes. Tuvimos la suerte de conocer las 3 que tienen acceso caminando. Decimos lo de la suerte porque justo esa semana estaban filmando en ellas la versión francesa de Supervivientes así que 2 de ellas estaban muchos días cerradas. Las playas son inmensas, no hay nadie, y tienen un color indescriptible. El agua es preciosa, y parecían como una enorme piscinas artificial.

 




Aquí estuvimos muy felices. Cómo no serlo!. Seguro la isla más virgen, auténtica, especial y bonita en la que hemos estado. Posiblemente el segundo lugar más increíble del todo el viaje (el primero Bagán en Myanmar).


Después de 7 días absolutamente maravillosos en la playa, el jueves 19 nos fuimos para Kampot, una pequeña ciudad con encanto, con arquitectura de la colonia francesa muy bonita, que además parece que están empezando a restaurar y a invertir en ella, con restaurantes lindos, hoteles boutique y comida rica que preparan con la famosa pimienta de la zona. Una noche ahí perfecta para pasear por el centro, ver el atardecer en el río y cenar delicioso. muy recomendable también los campos de sal.









Al día siguiente hasta Kep, ciudad con mar, feita, pero con el famoso mercado de cangrejos, donde varias señoras se paran junto al mar con jaulas llenas de cangrejos, que venden vivos o cocinados en ollas que tienen ahí mismo con fuego de carbón. Esa noche nos comimos un manjar, y a preparar maletas para Vietnam.








Camboya ha sido una gran sorpresa, nunca lo imaginamos así. Es fascinante, bonito, hay mil cosas por hacer y ver y tiene lo mejor que puede tener un país: su gente que te hacen sentirte muy a gusto, tranquilo y encantado.